sábado, 22 de octubre de 2011

¡Lo Voy a Lamentar! - Cuento

 Julio Pérez era una de esas personas excéntricas, orgullosas, cegadas por el ego e incapaces de amar. Estoy consciente que no comencé con la manera más  agradable, pero expongo en primera estancia estas características para que puedan entender el relato, ¡CÓMO LO HABRIA DE LAMENTAR! Era un científico, más exactamente un biólogo, su especialidad eran las aves las cuales estudiaba con esmero casi adicción. El ave favorita de Pérez era el búho, por lo cual conservaba en su casa una inimaginable cantidad de cuadros y esculturas de este animal sombrío que ha sido la figura macabra por excelencia para muchos. Hasta el día de hoy no entiendo cómo Pérez podía tener una novia, una chica fantástica, un poco ingenua pero muy inteligente, la única opción que me queda es pensar que se enamoro de él por su dedicación al trabajo (característica inusual entre los hombres latinoamericanos) y que él la aceptó para que lo dejara de incomodar; en todo caso se llamaba Isabel, nombre dulce que encajaba perfectamente con su forma de ser.
Pérez había hecho de Inglaterra su hogar, había olvidado todo lo que tenía que ver con su tierra natal: la guerrilla, la corrupción, la pobreza. Isabel vivía allí también, trabajaba como secretaria de un tipo gordo, un empresario importante que había venido de México y le dio empleo por su buen manejo del español y el inglés. Un día Isabel se encontraba en la casa de Pérez, esta vez estaba muy decidida y hablaba con autoridad; sin embargo no la suficiente como para doblegar el orgullo de Pérez.
-          Debemos casarnos Julio – dijo como si lo hubiera querido expresar hace mucho tiempo – llevamos años esperando y ya es tiempo que cambien las cosas.
Pérez seguía estudiando en su microscopio una muestra de sangre del “bubo scandiacus”, no le importaba lo que le estuviera diciendo su estúpida novia, su vida seguiría siendo igual por siempre.
-          ¡No me estas escuchando! Pasas todo el día estudiando los búhos, ¿no te basta con los cinco volúmenes de investigación que has publicado? No puedes seguir así, por favor, te lo pido – Isabel hablaba con desesperación desde el fondo de su corazón.
Pérez seguía indiferente anotando en su libreta amarilla.
-          ¡Julio!- gritó con voz ahogada.
-          Yo no te necesito, si quieres irte... ¡hazlo! Hay millones de opciones para ti. Mi vida no cambiará por tus suplicas.
-          ¿Pero es que no te das cuenta que te estás matando? ¡Mírate! ¡pareces un viejo lunático! no sales, no comes, ¡todos los días te encierras en este cuarto a estudiar los malditos búhos!
-          Si no te gusta vete, ya te he dicho que no te necesito.
Pérez era un humano sin corazón, la única persona que lo apreciaba lo trataba de sacar de su prisión psicológica y él se seguía encerrando, ajustando la llave bien fuerte y aferrándose a las barras como un niño con sus juguetes.
-          Por favor Julio...te amo, salgamos de aquí – Isabel cambió su tono de voz, ahora lo trataba de convencerlo con palabras dulces pero sinceras, fáciles de fabricar para ella. Pérez se estremeció un poco ante las palabras, después se ajusto los lentes, no renunciaría.

-          ¡VETE!
Isabel se quedó parada en la mitad del cuarto, vestía una falda de lino que le llegaba a las rodillas y una camisa blanca, el sol de las cuatro de la tarde se reflejaba en su rostro, se veía hermosa. De pronto salió una pequeña lágrima dorada de su ojo.
-          Lamentaras haberlo dicho... ¡LO LAMENTARAS! – después salió y cerró la puerta.
Pérez siguió con su trabajo como si nada hubiera sucedido, su concentración se encontraba enfocada en la muestra que observaba en el microscopio; de pronto escucho un aleteo en la pieza, se paró al instante y busco el animal que producía el sonido. En la mitad de la habitación encontró un pequeño búho, estaba emocionado, pero ¿Cómo había logrado el animal entrar en la habitación? fue a recogerlo cuando sonaron más aleteos en la pieza, se volvió y encontró dos búhos más, esto era extraño, verdaderamente extraño, se dirigió hacia el teléfono para llamar a emergencias cuando otro búho se poso sobre la mesita del teléfono; Pérez se quedo inmóvil, esperando, observando los animales, en su corazón tenía miedo, ¿sería Isabel causa de todo aquello? No, era imposible. De pronto las estatuas y pinturas se empezaron a transfigurar en seres reales, todas empezaron a volar por la habitación, Pérez trató de salir pero no podía, los búhos lo rasguñaron, lo mordieron, se caía por no poder ver nada en aquella masa de alas, se sentía desesperado, las aves le jalaban el pelo, rasgaban su ropa, se estrellaban en su cara. Miedo. Crisis. Pánico. Demencia. Después de cinco minutos por fin pudo llegar a la puerta, la abrió y cerró al instante, la misma puerta por la que había salido Isabel hacia pocos minutos, ¿Seria ella la causa de todo esto? No, era imposible. Se precipito por las escaleras saltando los escalones de a tres hasta llegar a la calle, todas las personas se asustaron al verlo, con la cara rasguñada, la ropa hecha añicos, el pelo alborotado. Salió y corrió sin mirar atrás, corrió por las calles de Londres sin fijarse en los semáforos, esperando que algún conductor desprevenido terminara con su vida, corrió desesperadamente hasta llegar a un callejón oscuro y lleno de basura, se recostó sobre la pared y empezó a pensar. “Todo esto es un sueño, no puede ser verdad, no hay búhos en mi apartamento” estaba recobrando su postura orgullosa e indiferente cuando un ave se poso en su mano, un búho, todos sus pensamientos se vinieron al suelo, y las últimas palabras que tartamudeo fueron:
-          Isabel, perdóname ¡LO VOY A LAMENTAR!   

sábado, 25 de junio de 2011

Tempo

Comenzó como un leve murmullo, casi imperceptible en medio del ruido de la calle y las fabricas. Luego, gradualmente se hizo más fuerte, despues todos lo escuchaban, pero aun no estaban convencidos. Sonaba constantemente, sin pausa.

Llego el momento, y estallo como un sonido, no estridente, pero lo suficiente fuerte para desesperar a cualquiera, “clock, clock, clock, clock!”

Todos entendían de donde provenía, pero era una simple locura pensar que de un momento a otro todos los relojes del mundo se sincronizaran para…destruir el género humano.

La humanidad entera enloqueció. Todos buscaban el objeto que estaría causando aquel caos. Nadie entendía, se tapaban los oídos huyendo del incesante sonido. De pronto los dirigentes políticos y militares ordenaron la destrucción de todos los relojes en el mundo.
Todos sacaban sus reliquias, relojes de mano, de mesa, tomaban martillos y los despedazaban. Hicieron montañas de ellos y los quemaron.

No cesaba. El sonido seguía, retumbando en las mentes, torturando la razón. Los jóvenes trataban de opacar el sonido con enormes parlantes. Todo era inútil. Parecía el apocalipsis, un fin inesperado. Nadie podía entender la desesperación que causaba el tiempo, el sonido no era muy fuerte, pero era constante.

El tiempo, si esa era la maldición. Tuvieron que vivir  sus años de vida desesperados. La población mundial se redujo a la mitad; no habían resistido tan grande mal. Los científicos trabajaban día y noche buscando  la solución. Los militares allanaban las casas para buscar un solo reloj, y destruirlo al instante, los niños en sus ratos libres sacaban los resortes de estos. Confusión, caos, era lo único que reinaba en el ambiente.

No hubo solución. No hay solución. La primera generación de la “maldición” murió, y nacieron los segundos, murieron los segundos y nacieron los terceros. El ciclo continuo y entonces…nosotros, nos parece que no escuchamos nada, pero sabemos que en el fondo esta vigilante nuestro mayor enemigo, nuestro mayor tesoro, el mejor terrorista, el más misericordioso. El rey “poderoso” POR AHORA. Vivimos afanados, intranquilos. Volvimos a fabricar relojes por que nos dimos cuenta que es inútil huir. No hay salida, el camino que tomamos fue el de la resignación. 

La única solución por ahora es que se acabe  lo inacabable, valiente consuelo.

Tempo.
Tempo.

martes, 7 de junio de 2011

El Piano Mágico

El arte llevo a la desgracia de un pueblo, y a mí me llevo a la gloria, me he acostumbrado a su sabor amargo.
Vialiveza era un pueblo, se que nadie me cree, pero había allí mucha gente, personas religiosas e inmorales, ricos y pobres; la región era conocida por el talento musical y artístico de sus jóvenes.
Desde hacía algún tiempo, un  muchacho llamado Volnska  trabajaba en el conservatorio de Vialivieza,  era de una familia rica, en Varsobie, la capital.
Volnska, ganaba dinero suficiente, para vivir cómodo, se le veía feliz, sin preocupaciones. Siempre que volvía del conservatorio a su casa, pasaba por una tienda de instrumentos musicales, veía hermosos violines, cellos, flautas. Pero había un piano que le interesaba en especial, estaba muy desgastado, viejo, lo vendían muy barato, pero nadie lo compraba, parecía que  tan solo fuera un estorbo en cualquier lugar. Él, decidió comprarlo, lo llevo a su gran casa y lo dejo ahí, por meses y meses; ni siquiera lo usaba, hasta un día de invierno, había llegado más temprano que de costumbre, y su piano estaba en reparación. Se sentó ante el fuego de la chimenea y observo durante un momento el majestuoso instrumento ajado por el tiempo. Se sentó finalmente, y empezó a tocar una melodía suave, ligera, que hizo arder el fuego con más fuerza. Volnska suponía que el piano estaba desafinado, pero no, sonaba mejor que cualquier otro  que hubiera tocado jamás, era excelente, pronto Volnska empezó a tocar otra melodía, no pudo dejar de tocar, el piano era único, llevaba fuera del pensamiento, te sacaba del mundo real, no se equivocaba, todo él era pura música, no podía simplemente parar, era demasiado maravilloso, demasiado único y perfecto, era… mágico, sí, mágico es la única forma de describirlo.
Cuando Volnska termino de tocar, era ya casi la madrugada, fue hacia su cuarto y trato de encontrar un baúl en el que tenía sus propias partituras, sin embargo, ya no estaba, lo busco por todas partes, pero había desaparecido, desesperado recorrió toda la casa buscándolo, y finalmente se dio cuenta, que había algo nuevo allí en su cuarto, era un violín, muy viejo y casi sin pintura, Volnska no recordaba haberlo visto jamás, lo tomo y empezó a tocar; de inmediato todas sus dudas se aclararon, el piano “mágico” había convertido su apreciado baúl en un violín también mágico mientras el tocaba por horas y horas. Se le ocurrió una idea, que fue quizá la raíz del fin de Vialivieza. Decidió convertir todos los objetos de su casa en instrumentos mágicos, y presentar una orquesta en la plaza del pueblo, todos se volverían locos al escuchar el sonido de aquellos instrumentos.
De inmediato comenzó su proyecto, tocaba todos los días sin dormir ni comer, absolutamente obsesionado con su plan.
Finalmente logró reunir una gran cantidad de instrumentos, contrato sus músicos, y les dijo que se presentarían sin ensayar en la plaza. A todos les pareció una locura, pero si Volnska les pagaba igual, que importaba.
Llego el día, se reunieron los músicos en la plaza, y a la orden de Volnska todos comenzaron a tocar. De inmediato se hizo sentir el efecto de la música, primero en los miembros de la orquesta, todos tocaban sin mirar siquiera la partitura, la magia se había adueñado de ellos, se movían como entes poseídos por algún mal. Después fue en los habitantes del pueblo, todos uno a uno se acercaron a la plaza, era demasiado hermoso, demasiado irreal para ser real, se sentían inspirados, cerraban los ojos y sonreían tarareando la música, danzaban con pasos leves. Luego fue fatal, todo el pueblo se volvió loco en realidad, dejaron sus oficios y acudieron a la plaza, danzaban ahora como si un gran baile hubiera sido organizado para ellos, no sentían nada terrenal, se chocaban y ni se miraban, cantaban la música, con voces bellas y afinadas todas, ya no pasaba sangre por sus venas, era pura música, puro arte, después se desvistieron todos, no querían obstáculos en su inspiración, ya no pensaban terrenalmente, vivían para danzar, cantar y sentir la música en su interior, ya no eran humanos definitivamente.
La multitud del pueblo fue danzando hacia el bosque que  los rodeaba, se tiraban al piso y hacían hermosos movimientos, extraños, raros…mágicos, los músicos de la orquesta también se unieron a ellos, y dejaron sus instrumentos en la plaza, ya no eran necesarios, todos cantaban, combinaban notas y tonos para formar hermosas tonadas.
El único cuerdo en ese desesperado ambiente era Volnska, que veía estupefacto como todas las personas se metían al bosque. Finalmente quedo él solo, tomo un hacha y se dio a la tarea de despedazar el piano, duro mucho tiempo, y no  logro destruirlo totalmente, se llevo una pata del piano destrozado, y se fue con su caballo a la villa más cercana. Después de mucho tiempo Volnska llego a Varsobie y se reunió con su familia, trato de convencer a todos de lo ocurrido en Vialivieza, pero nadie le creyó. Finalmente los habitantes de la ciudad decidieron callarlo de una vez, lo querían matar y por eso Volnska se cambio el nombre y huyo. Construyo con la pata del piano, una flauta, con la que se hizo rico, pero su conciencia nunca lo dejo de atormentar, él había sido el culpable de la desgracia de Vialivieza. Dicen que el bosque de Vialivieza está encantado, que voces hermosas cantan desde los arboles, y sombras danzan alrededor de los viajeros, nadie conoce la verdad, no es una simple leyenda.
Yo soy Volnska, el arte llevo a la desgracia de un pueblo y a mí me llevo a la gloria, me he acostumbrado a su sabor amargo. 


El Tiempo

- Padre, dime una cosa, ¿cuál es el material más resistente que existe en el mundo? - ¿hay algo que nunca se corroa, un material indestructible, que siempre sea igual, y dure para siempre?
 El hombre pensaba mientras fumaba su pipa de castaño negro, meciéndose suavemente en la silla. 
- ¿para qué quieres un material así?
- Quiero hacerme una armadura, una armadura indestructible, que ningún enemigo pueda traspasar.
 - Entonces lo lamento hijo, pero no hay nada que sea así, todo viene y se va, es y al fnal no es, pues se destruye y se descompone.
- ¡Debe haber algo, por lo menos una piedra, un metal, algo que si lo sea!
El hombre dejo su pipa en la mesa que estaba a su lado y le dijo:
- Lo único indestructible en este mundo es... el tiempo, lo único que nunca se acaba y sigue igual siempre es el tiempo, siempre está corriendo, aunque te escondas siempre está ahí, todo pasa, todo se rompe por el tiempo, es el rey de todos los materiales, el que los hace dañarse, el metal por razón del tiempo se oxida y se daña, la piedra por razón del tiempo se corroe y se disminuye, los hombres por razón del tiempo envejecemos y morimos. Ningún material es eterno, solo el tiempo durara para siempre hasta el final, en el que será otra palabra relativa, en un mundo totalmente nuevo. 

Reflejos Celestiales.

http://vimeo.com/24456787

En este video no hay anda de photoshop. Es pura naturaleza.