sábado, 25 de junio de 2011

Tempo

Comenzó como un leve murmullo, casi imperceptible en medio del ruido de la calle y las fabricas. Luego, gradualmente se hizo más fuerte, despues todos lo escuchaban, pero aun no estaban convencidos. Sonaba constantemente, sin pausa.

Llego el momento, y estallo como un sonido, no estridente, pero lo suficiente fuerte para desesperar a cualquiera, “clock, clock, clock, clock!”

Todos entendían de donde provenía, pero era una simple locura pensar que de un momento a otro todos los relojes del mundo se sincronizaran para…destruir el género humano.

La humanidad entera enloqueció. Todos buscaban el objeto que estaría causando aquel caos. Nadie entendía, se tapaban los oídos huyendo del incesante sonido. De pronto los dirigentes políticos y militares ordenaron la destrucción de todos los relojes en el mundo.
Todos sacaban sus reliquias, relojes de mano, de mesa, tomaban martillos y los despedazaban. Hicieron montañas de ellos y los quemaron.

No cesaba. El sonido seguía, retumbando en las mentes, torturando la razón. Los jóvenes trataban de opacar el sonido con enormes parlantes. Todo era inútil. Parecía el apocalipsis, un fin inesperado. Nadie podía entender la desesperación que causaba el tiempo, el sonido no era muy fuerte, pero era constante.

El tiempo, si esa era la maldición. Tuvieron que vivir  sus años de vida desesperados. La población mundial se redujo a la mitad; no habían resistido tan grande mal. Los científicos trabajaban día y noche buscando  la solución. Los militares allanaban las casas para buscar un solo reloj, y destruirlo al instante, los niños en sus ratos libres sacaban los resortes de estos. Confusión, caos, era lo único que reinaba en el ambiente.

No hubo solución. No hay solución. La primera generación de la “maldición” murió, y nacieron los segundos, murieron los segundos y nacieron los terceros. El ciclo continuo y entonces…nosotros, nos parece que no escuchamos nada, pero sabemos que en el fondo esta vigilante nuestro mayor enemigo, nuestro mayor tesoro, el mejor terrorista, el más misericordioso. El rey “poderoso” POR AHORA. Vivimos afanados, intranquilos. Volvimos a fabricar relojes por que nos dimos cuenta que es inútil huir. No hay salida, el camino que tomamos fue el de la resignación. 

La única solución por ahora es que se acabe  lo inacabable, valiente consuelo.

Tempo.
Tempo.